Tras los trámites de iniciación, cuando el Masón supera paso a paso todas las pruebas y asiste al debate victorioso final, finaliza la ceremonia, habrá un nuevo hermano ante él. El primer gesto será un abrazo fraterno, recibiendo a un “hijo pródigo” que deambulaba entre los profanos, ansioso por unirse a la familia masónica. Toda la humanidad es una hermandad única, aunque la mayoría se desvían del camino correcto. Todos debemos amarnos unos a otros, aunque esto es una utopía; pero siendo todos hijos de un Creador, la Familia Universal debería comportarse de manera diferente. Sabemos, sin embargo, que no es así, entonces, dentro de la Logia, abrazando a alguien que hace unas horas era un mero profano, la satisfacción del reencuentro palpita en ambos corazones. Este abrazo constituye el propósito del bienestar del nuevo advenimiento, es el sello de una amistad sin fin que nunca puede verse afectada, por el motivo que sea. Es un buen propósito y una oportunidad para difundir ...